El monstruo que mata al hijo y deja a la madre destrozada

Este es el testimonio de un turno de oración, una mañana cualquiera, frente a un abortorio español: “La joven que había abortado lloraba y decía que ella no quería haberlo hecho”. Sigue leyendo, por favor.

Este lunes, 7 de abril, he acudido a rezar frente al abortorio de Callao (me da mucha tristeza ver que la ‘Clínica Ginecológica Callao’ ha cambiado su rótulo para incluir el logotipo de la Comunidad de Madrid. Qué pena que todos los españoles sigamos pagando el aborto con nuestros impuestos mientras hay tantos recortes en la Sanidad y tan pocas ayudas a la maternidad).

Cuando empezamos a rezar había al lado de nuestro grupo de orantes de ’40 Días por la Vida’ tres jóvenes sentados en la acera: dos chicas y un chico – los tres con rastas en el pelo-, acompañados de un perro.

Al principio, empezamos a rezar 7 personas, después del primer rosario nos quedamos 5. Como es costumbre, iniciamos la oración rezando al Arcángel San Miguel (nuestro protector), luego el Rosario, luego las Letanías a la Santísima Virgen, y luego el Rosario de la Divina Misericordia, cuando estábamos terminando petardas este último se acercaron a nosotros una de las chichas y el chico, y empezaron a increparnos. La chica tenía lágrimas en los ojos, y a dos de nuestro grupo empezaron a decir que por qué rezábamos delante del abortorio, que “eramos malas personas” y muchas barbaridades. Querían que dejáramos de rezar, pero como no respondíamos la chica en su tristeza empezó a decir que ella “no quería haberlo hecho” (no quería haber abortado) pero que “no tenía con qué mantenerlo”. La chica empujó a una mujer del grupo y se fueron. Seguimos rezando, mi compañera del al lado en la oración, empezamos a pensar en ir a hablar con ellos pues se habían quedado cerca.

Yo estoy embarazada, y con mucha tripita, y por un lado estaba pensando me daba miedo que me empujaran, pero no tardando mucho Conchita y yo nos acercamos, mientras nuestros tres compañeros seguían rezando. La chica seguía llorando, y su amiga la abrazada, empezamos a hablar con ellas pero su amiga no nos dejaba decirla nada, nos decía que nos fuéramos que ya habíamos hecho bastante estando allí rezando. La joven que había abortado lloraba y decía que ella no quería haberlo hecho.

Pudimos llegar a decirle que había “ayudas para las madres que habían abortado, que existe el ‘Proyecto Raquel’ que ayuda a las mujeres a sanar el síndrome postaborto”, pero en seguida la amiga y el chico (que parecía el padre de su hijo abortado) se pusieron en frente y no nos dejaban hablar más, nos pedían insistentemente que nos fuéramos. Volví a nombrar ‘Proyecto Raquel’, con la esperanza de que recordaran el nombre, y les pedí que lo buscaran en internet, que buscara ayuda, y nos fuimos.

Tantas cosas podía haberles dicho, tantas, pero parece que el maligno todo lo destroza para no dejar abrir las puertas de la esperanza a una mujer que ha abortado a su hijo.

Querida chica que has abortado, pido al Señor por tí, le pido para encuentres pronto esa ayuda sanadora que da la Iglesia en ‘Proyecto Raquel’. Le pido para que no pases cuarenta años de depresiones tras el aborto como le pasó a una familiar mía, antes de encontrar el verdadero consuelo que sólo da Cristo, Dios que todo lo perdona a quienes se acercan a Él, no para condenar sino para sanar, para reconciliar, para perdonar, para recobrar la Vida, la Vida que un día perdieron las mujeres cuando sus hijos fueron arrancados de su vientre materno. Sólo Cristo puede obrar el Milagro de esta sanación, de esta reconciliación de la madre con su hijo abortado y con Dios mismo.

Querida chica, que tus lágrimas de hoy sean el primer paso para encontrar pronto el Consuelo y que igual que hemos tenido mujeres participantes en 40 Días por la Vida que nos dijeron que habían abortado y nos contaron la destrucción que sufrieron ellas y sus familias, un día puedas tú también rezar para que termine definitivamente el crimen del aborto para que ninguna mujer más sufra el horror que tú estás sufriendo ahora.

Dios y la Virgen María, Reina de la Paz y de la Vida, nos conceda ver pronto el triunfo de sus Corazones, y el final del asesinato de miles de inocentes y el final de la destrucción de tantas mujeres y hombres, víctimas también del aborto.

¡Dios bendiga siempre a todos los participantes de 40 Días por la Vida!

Los cinco temas no negociables por los cristianos

Son cinco puntos a los que jamás renunciaremos, cinco principios no negociables por ningún cristiano. Y todos ellos pasan por el respeto a la vida.

Los ciudadanos de Estados Unidos votan hoy mucho más que la presidencia de su país. Y ante una elección de singular trascendencia, la Iglesia en aquella nación no ha dudado un solo instante en manifestar pública y claramente, y con gran firmeza y rotundidad, su postura innegociable con respecto a la vida y a la libertad religiosa.

La Iglesia católica de Estados Unidos no se ha callado ante las propuestas de republicanos y demócratas y ha batallado duramente para recordar que hay cinco temas que de ninguna manera son negociables para un cristiano: el aborto, la eutanasia, la investigación con células madre embrionarias, la clonación humana y la redefinición del matrimonio, asunto este último que hoy es de triste actualidad también en España.

El Padre Shenan J. Boquet, presidente de Human Life International, ha publicado una extensa reflexión sobre el significado de la jornada electoral de hoy en su país, de la que ofrecemos unos extractos:

«Esta elección es sobre la vida y la muerte, la protección de la sagrada institución del matrimonio y de nuestros derechos fundamentales para vivir nuestra fe.

»Los Católicos de Estados Unidos están en el centro de atención en esta elección.

»Los políticos y los medios de comunicación tienen, de forma deliberada o no, la responsabilidad de haber alimentado la confusión entre los católicos de Estados Unidos en lo que respecta a las enseñanzas de la Iglesia, y lo que a los votantes católicos debería concernirle. La Iglesia misma es muy clara en sus enseñanzas, pero la verdad del mensaje de la Iglesia se puede perder en el diluvio de anuncios políticos y discursos encaminados a conseguir votos. En estos días críticos previos a la elección, es imprescindible que nos acerquemos a nuestros amigos y familiares para explicar sobre los temas no negociables para los votantes católicos.

»Los católicos deben estar conscientes de los cinco temas no-negociables (aborto, eutanasia, la investigación de células madre embrionarias, la clonación humana y la redefinición del matrimonio), que son males intrínsecos que no pueden ser admitidos. La votación para limitar el mal en estos temas morales es mucho más importante que cualquier posición en la política económica o la cuestión de asistencia financiera que el gobierno brindara en cualquier elección. Votar por un candidato que favorece y apoya a alguno de los cinco temas no negociables podría llevarnos a ser moralmente cómplices de la promoción de estos males intrínsecos, poniendo el alma en peligro, como el obispo David Ricken de Green Bay valientemente dijo la semana pasada.

»Además de votar para limitar los males del aborto, la investigación en células madre embrionarias, la eutanasia, la clonación humana y la redefinición del matrimonio, los católicos que van a la votación electoral el martes debe estar conscientes de la amenaza totalmente real para la libertad religiosa. En enero pasado, el Papa Benedicto XVI les dijo a los obispos de los Estados Unidos:

»Es imperativo que toda la comunidad católica de los Estados Unidos se dé cuenta de las graves amenazas para el testimonio público moral de la Iglesia…Son de particular preocupación los intentos de determinados hechos para limitar la más apreciada de las libertades americanas, la libertad de religión. Muchos de ustedes han señalado que los esfuerzos concertados ha negado el derecho a la objeción de conciencia por parte de los individuos e instituciones católicas jovencitas con respecto a la cooperación en prácticas intrínsecamente malas. Otros me han hablado de una preocupante tendencia a reducir la libertad religiosa a la simple libertad de culto sin garantías de respeto a la libertad de conciencia.

»Para combatir esta amenaza, el Santo Padre pidió “laicos católicos comprometidos,articulados y bien formados… con el coraje para hacer frente aun secularismo reductivo que deslegitima la participación de la Iglesia en el debate público sobre las cuestiones que están determinando el futuro de sociedad estadounidense”. Pero no podemos depender solamente delos obispos,o incluso a los sacerdotes en el púlpito, para formar a los laicos. Cada uno de ustedes que leen esto debe participaren ayudar a formara nuestros hermanos y hermanas en Cristo para limitar el mal que se puede hacer por aquellos que están en posiciones de poder político.

»Lamentablemente muchos de nuestros hermanos católicos han sido engañados al pensar que las tasas impositivas son más importantes que la vida humana en el vientre materno, la dignidad de las personas mayores y personas con discapacidad, la santidad del matrimonio verdadero entre un hombre y una mujer, y la libertad de practicar abiertamente la fe de Nuestro Señor. Depende de nosotros el poder cambiar eso.»

Dios y el valor de la vida

Nueva reflexión de Benedicto XVI sobre el valor de la vida humana, en esta ocasión a propósito del Atrio de los Gentiles celebrado en Portugal hace unos días: “El valor de la vida se convierte en evidente sólo si Dios existe”.

Estos son algunos de los fragmentos del texto remitido por el Papa a los participantes en este encuentro:

“En realidad, la conciencia de la sacralidad de la vida que nos ha sido confiada, no como algo de lo cual se puede disponer libremente, sino como un don que hay que custodiar fielmente, pertenece a la herencia moral de la humanidad. “Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15) el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término” (Encíclica “Evangelium vitae”, n. 2). No somos un producto casual de la evolución, sino que cada uno de nosotros es fruto de un pensamiento de Dios: somos amados por Él.

Pero si la razón puede captar este valor de la vida, ¿por qué hay que llamar en causa a Dios? Respondo citando una experiencia humana. La muerte de la persona amada es, para quien la ama, el hecho más absurdo que se pueda imaginar: ella es incondicionalmente digna de vivir, es bueno y bello que exista (el ser, el bien, lo bello, como diría un metafísico, se equivalen trascendentalmente). Del mismo modo, la muerte de esta misma persona parece, a los ojos de quien no la ama, como un hecho natural, lógico (no absurdo). ¿Quién tiene razón? ¿El que ama (“la muerte de esta persona es absurda”) o el que no ama (“la muerte de esta persona es lógica”)?

La primera posición es defendible sólo si toda persona es amada por un Poder infinito; y éste es el motivo por el cual ha sido necesario recurrir a Dios. De hecho, quien ama no quiere que la persona amada muera; y si pudiera, lo impediría siempre. Si pudiera… El amor finito es impotente; el Amor infinito es omnipotente. Ahora bien, ésta es la certeza que la Iglesia anuncia: ” Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). ¡Sí! Dios ama a toda persona que, por esto, es incondicionalmente digna de vivir. “La sangre de Cristo, mientras revela la grandeza del amor del Padre, manifiesta qué precioso es el hombre a los ojos de Dios y qué inestimable es el valor de su vida”. (Enciclica “Evangelium vitae”, n. 25).

En la época moderna el hombre ha querido, sin embargo, sustraerse a la mirada creadora y redentora del Padre (cfr. Jn 4, 14), apoyándose en sí mismo y no en el Poder divino. Algo así como sucede con los edificios de cemento armado sin ventanas, donde es el hombre quien provee la aireación y la luz; e incluso en un mundo así auto-construido se recurre también a los “recursos” de Dios, que son transformados en nuestros productos. ¿Qué podemos decir entonces? Es necesario volver a abrir las ventanas, ver de nuevo la vastedad del mundo, el cielo y la tierra y aprender a usar todo esto de manera justa.

De hecho, el valor de la vida se convierte en evidente sólo si Dios existe. Por esto, sería bello si los no creyentes quisieran vivir “como si Dios existiera”. Aunque no tengan la fuerza para creer, deberían vivir en base a esta hipótesis: en caso contrario, el mundo no funciona. Hay tantos problemas que deben ser resueltos, pero que no lo serán nunca del todo si no se pone a Dios en el centro, si Dios no se convierte, de nuevo, en visible en el mundo y determinante en nuestra vida. Aquel que se abre a Dios no se aleja del mundo y de los hombres, sino que encuentra hermanos: en Dios caen nuestros muros de separación, somos todos hermanos, formamos parte los unos de los otros.”